Distintas clases de huelga

L@s compañer@s están saliendo a la calle en Bizkaia, a pesar de las inclemencias atmosféricas -y de las institucionales, que de esas tampoco se libran- para conseguir una situación laboral digna y justa.
La que haremos aquí se está cociendo aún, y tiene como fin que se nos reconozca, aún queda un largo camino por recorrer.
Mucho ánimo compañer@s, sois un claro referente.

Mientras, hay colectivos que no sólo gozan de una situación privilegiada, si no que al hacer huelga, al encontrarse en una situación inmejorable de presión, consiguen sus objetivos rápidamente. Con la carga además de no caer simpátic@s, pobrecill@s.

Como sus señorías, que ante la persecución a la que se ven sometid@s, han decidido meter caña y paralizarlo todo -otra vez-. El hecho de que se esté llegando a una situación en que la población se canse de la absoluta necedad de algun@s de ell@s, con una falta de criterio indigna de alguien que se quiera llamar profesional, una falta de conocimiento de las nuevas tecnologías que hace imposible llevar un seguimiento correcto de los casos, una velocidad en las resoluciones que aburre a las vacas y un absoluto desprecio a la verdad en favor de unos lobbys -¿morales?-, no es suficiente, ya que parece ser una manipulación. Después llegan a acuerdos y les sale más rentables hacer huelga, porque al hacerla cobrando sacan mayor beneficio con los servicios mínimos que haciendo la rutina normal. No tenemos corazón…

Éstas son las distintas clases -sociales- de huelga. ¿Quiénes consiguen lo que piden y quiénes no? Lo dejo a su voluntad, querid@ lector/a.

En otro orden de cosas, Emilio Botín, ese hombre que habla en un dialecto del inglés -parece ser- para que no se detecte que te la mete doblada, ha decidido devolver parte de las inversiones a l@s afectad@s por el caso Madoff -ese otro señor, que tras años de llevárselo crudo, todo el mundo le daba palmaditas en la espalda y ahora que se ha sabido se le puede llamar chorizo-. Porque que, como bien se sabe, a ese señor sólo podiera acudir gente forrada -no por el frío-, es sólo una casualidad, no una razón para devolverlo, y pensar lo contrario es cosa de malpensantes. ¿Les obligó alguien a meterse en ese pufo?

Stoke – Jueces o enriqueces

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